SOLO UNA ECONOMÍA AL SERVICIO DEL PUEBLO, PUEDE AYUDAR AL PUEBLO

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PARTE I
¿CUAL DEBE SER EL ‘COMBUSTIBLE’ DE UNA ECONOMÍA POPULAR Y NACIONAL?
Mucho se ha hablado de la economía en los grandes medios de comunicación, de las bondades del modelo neoliberal y sobre los dogmas aparentemente indiscutibles de su aplicación, entre ellos: la no intervención estatal para asegurar la “libre competencia”.
Este dogma no lo aplicaron mediante una votación democrática, dentro de las mismas reglas que la democracia burguesa fomenta y defiende (de manera hipócrita, claro), fueron aplicados en pleno período de terror, asesinato y persecución del pueblo en la dictadura militar de Pinochet.
Precisamente, su aplicación al ser totalmente antipopular se debía realizar bajo estas condiciones, pues la no intervención del Estado significaba precisamente la eliminación forzosa de su rol productivo, arruinando y marcando en negativo toda su producción, para así poder justificar su privatización, como efectivamente ocurrió desde el año 1976 hasta el presente.
¿Pero que ha demostrado la historia al respecto? Bueno, que aquella aplicación práctica significó la destrucción de todo el rol productivo y social que el Estado (incluso siendo burgués) había tenido hasta ese entonces, y con ello el beneficio total a la gran burguesía monopólica tanto nacional como extranjera, lo cual debilitó constantemente la soberanía nacional, entregando las empresas estratégicas (energía, telecomunicaciones, transporte, industria pesada y gran producción militar), junto a la base primaria estratégica (recursos naturales: cobre, litio, aguas dulces, mar y combustible). Esto es en sí, desde el punto de vista soberano, una contradicción para quién defienda los intereses de la Patria, pues hace imposible ejercer una política soberana, si todas las riquezas naturales y productivas esenciales están en manos foráneas o de quienes, siendo chilenos, no responden a los intereses nacionales, sino a los dictados externos, preferentemente desde el imperialismo estadounidense.
Desde el punto de vista social, amputa toda acumulación y ahorro estatal, que pueda ser invertido en los grandes derechos populares como lo son la salud, la educación, las pensiones y la vivienda, como base para una vida digna que pueda desarrollar una sociedad sana, tanto en lo laboral como en lo civil, provocando continuamente desigualdades sociales abismales, expresadas en la pobreza, cesantía, delincuencia y drogadicción. Penetrando en lo más hondo en un individualismo que es la base ideológica en la cual se sustenta la sociedad de explotación, opresión miseria y despojo que el neoliberalismo sostiene y protege.
El motor de una economía nacional y popular, está en un Estado fuerte, que se expresa en la posesión, explotación, elaboración (dar valor agregado) y comercialización de los recursos naturales de un país. Pues solo teniendo la propiedad mayoritaria de estas materias primas esenciales, podría desarrollar una economía con ingresos y posibilidades de ahorro, previniendo los préstamos internacionales y evitando deudas que puedan dañar las arcas fiscales para la futura inversión de aquellos ingresos.
El cobre y el litio, en estos últimos años han sido objeto de discusión a nivel intelectual y de sectores sindicales, debido a la importancia que tendría para todo Chile, la posesión estatal de sus recursos mineros, y lo que significaría la inversión de estos en amplios programas sociales, que a largo plazo la inversión se recupera a nivel monetario, pues invertir los recursos en educación, por ejemplo, lograría promover profesionales y técnicos más productivos en servicio de la extracción, planificación y desarrollo comercial de la gran minería. Claro, apuntando a una educación de servicio patriótico y popular.
Tal es así, que los ingresos de recursos naturales, que solo la minería del cobre y otros metales reporto para el 2018 fueron unos 42.146,6 millones de dólares (55,8% del total de exportaciones), de los cuales el cobre cubría unos 36. 367,8 millones de dólares (48,2% del total de exportaciones). Y claro, es bueno recordar que solo un 29% del cobre el nacionalizado, ¿Cómo sería si fuera la totalidad propiedad pública y nacional? Claramente muchas de las necesidades en salud, vivienda, pensiones y educación estarían satisfechas y no al vaivén de los mercados y del usufructo privado en derechos que la misma constitución pinochetista asegura existen para los chilenos.
En otras palabras, la sola posesión, explotación y venta de los recursos de la gran minería, reportaría multimillonarios ingresos fiscales y, por ende, beneficios e inversiones sociales derivadas. Ese es el ‘combustible” real para echar andar el gran vehículo de una economía nacional y popular, que sirva a los intereses de la Patria, que no son más que los intereses del pueblo, expresados en producción, bienes y servicios a disposición.
En la próxima parte analizaremos la siguiente cadena en la producción de una economía nacional y popular al servicio del pueblo, su ‘motor’ económico: La industrialización nacional.

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