OPINIÓN: “A propósito del ataque a Iglesias y Templos”. Por Eduardo Artés. Presidente de UPA

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Desde que la política de la MAFIA (Chile vamos y Nueva mayoría más apéndices) entró en un proceso de putrefacción acelerado, en que la corrupción y la desfachatez del parlamento y del gobierno rebalso el silencio de los acuerdos y negociados en cuatro paredes y el destape de la corrupción que cruza al conjunto de las instituciones (incluida las FFAA y el Poder Judicial), ha dejado muy vulnerable al viejo y reaccionario Estado neo-liberal.

Desde las mayorías descontentas y desencantadas surgen nuevas voces y alternativas, como es el caso de Unión Patriótica UPA, en búsqueda de una salida, tras la superación social y nacional del país. Las manifestaciones por reivindicaciones inmediatas y políticas son cada vez más frecuentes y van señalando un camino para poner fin a un periodo nefasto y podrido del dominio neo-liberal y del capital imperialista.

El viejo Estado neo-liberal, sus sostenedores políticos, no se han quedado quietos a la hora de colocar políticas y prácticas que aseguren su continuidad, estas van desde la demagogia más descarada, hasta aumentar las medidas represivas contra las manifestaciones populares, pasando por la infiltración y operación ideológica, política y orgánica a las organizaciones sociales y políticas anti-MAFIA, de sus luchas. Esto no es algo nuevo ni en Chile ni en los demás países.

Uno de los elementos principales, para el logro de las transformaciones estructurales que reclama la realidad, es la participación de cientos de miles, de millones de personas UNITARIAMENTE tras el objetivo señalado.

Hoy existen extraordinarias condiciones para que una plataforma UNITARIA, ponga de píe a millones de habitantes de nuestro país, no es difícil el encuentro mayoritario contra la corrupción que corroe al Estado, las nefastas AFP e ISAPRES, la ganancia sin límite de las grandes empresas y del gran comercio y a favor de la restitución de tierras y derechos nacionales a los pueblos originarios, nacionalización y/o re-nacionalización del cobre, litio, bosques, mares y demás recursos naturales, fin a la especulación del mercado financiero, control e incluso nacionalización de la banca, industrialización del país, apoyo a la pequeña y mediana empresa productiva y comercial, educación y salud de calidad y gratuita, Asamblea Constituyente, etc., etc.

Existen las condiciones, las demandas para el cambio, lo que falta es la UNIDAD del confuso y fragmentado mundo de la mayorías del país, que nos dote de una forma o táctica UNITARIA de actuación, de movilización, este es nuestro “talón de Aquiles” y por lo mismo es donde debemos colocar particular atención a las acciones divisionistas y paralizantes que se manifiestan constantemente y cuyo origen se puede encontrar en la indigencia ideológica y política de algunos y /o en “falsas banderas”, en elementos infiltrados, en agentes pagados de quienes se niegan al futuro.

En la última y gran manifestación estudiantil, de la educación convocada por la CONFECH, un grupo menor saqueo la Iglesia de la Gratitud Nacional y destruyo una representación de Cristo en la cruz, lo cual se suma a las ya numerosas quemas de iglesias católicas y templos evangélicos ubicados en territorio Mapuche, junto a la pregunta de ¿Quién realiza estos actos? inmediatamente cabe preguntarse, ¿Cuál es el objetivo de los mismos y a quien sirve? ¿La lucha por cada una de las demandas inmediatas y en definitiva por refundar Chile es una lucha anti-religiosa? ¿Es posible la UNIDAD IMPRESIONABLE de las mayorías destruyendo Iglesias y templos, atacando las creencias intimas de las mayoría de la población del país, en nombre de la lucha contra el viejo Estado?

Sin duda a medida que lo viejo ya no tenga desde adonde afirmase, veremos nuevas barbaridades, tal como las inaceptables quemas de iglesias, que ofenden los sentimientos íntimos de millones de oprimidos y perjudicados por las políticas neo-liberales. Hay que estar alerta, no caer en la confusión, perseverar en lo que UNE, despreciando con firmeza todo lo que divide a las mayorías agobiadas por la MAFIA.